RAÚL PÉREZ TORRES (1941)

Nació en Quito. Cursó estudios de pe­riodismo en la Universidad Central de la misma ciudad. Simultáneamente prestó servicios en ella. Después pasó a trabajar en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en donde se halla cumpliendo ahora las funciones de Presidente de la institución. Por manera que se debería suponer que el despliegue de su inteligencia, y sobre todo el destino de su disposición na­tural, clara e inalienable, para la profesión de las letras, no han dejado de contar con una at­mósfera quizás coincidente con los gustos y exigencias de su vocación. Además, resulta fácil advertir que su actual posición en la Ca­sa de la Cultura le ha impuesto participaciones académicas en las que ha revelado un límpido y franco talento para la crítica litera­ria.

 

Raúl Pérez Torres ha sido, y sigue siendo con aleccionadora fidelidad, un escri­tor de narraciones cortas. Probablemente en ese género ha conseguido una maestría difícil de ser eclipsada por otros autores, y cuyas vir­tudes han tenido el plural manadero de sus lecturas escogidas y conscientes, de sus agu­das, perspicaces, sensitivas e incesantes apre­hensiones de las volubilidades de la vida del hombre, en sus circunstancias íntimas como exteriores, y, por fin, de los antecedentes de él mismo en la producción de cuentos, en que lleva ya casi tres decenios y cuyo tiempo le ha permitido experiencias y maduraciones evi­dentes.

 

Entre los libros que ha publicado figu­ran "Da llevando", "Manual para mover fi­chas", "Micaela y otros cuentos", "Ana la pe­lota humana", "Musiquero joven, musiquero viejo". En la narración titulada "Micaela" se dejan apreciar un lenguaje de gran soltura, que corre incontaminado y potente a impul­sos de las motivaciones interiores; la tensión de la hebra argumental a lo largo de una evo­cación de escenas rápidas y tornadizas; la ur­dimbre de impresiones y sentimientos en que alternan la dramaticidad y la ternura, el can­dor y la impureza, el furor y la mansedumbre, la brutalidad y el callado sufrimiento. Pero es­pecialmente se permite admirar la destreza, tan moderna y tan compleja, en el uso del monólogo.

 

Fuente: Galo René Pérez, Literatura del Ecuador 400 años –crítica y selecciones-, ediciones Abya-Yala, Quito-Ecuador, 2001.

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