CÉSAR ANDRADE Y CORDERO (1904 - 1987)

Nació en la ciudad de Cuenca. Allí mismo hizo sus estudios, hasta doctorarse en Derecho. Desde joven ha profesado la docen­cia en los centros donde se educó: el Colegio Nacional Benigno Malo y la Universidad de Cuenca. Simultáneamente ha ejercido con brillantez el periodismo, colaborando en "El Mercurio", de su ciudad natal, y en "El Uni­verso" y "El Telégrafo", de Guayaquil. Ade­más, no ha abandonado la abogacía. Dentro de la cultura ecuatoriana ha adquirido su figu­ra un relieve singularmente notable. Porque Andrade y Cordero es un hombre de sólida formación intelectual: ha frecuentado a escri­tores y filósofos de todos los tiempos...

 

A esa solidez de su inteligencia se une, por fortuna, el caudal de una sensibilidad impar, de artista extraordinario, que domina en igual grado la poesía y la música. Los grupos de sus íntimos conocen la destreza con que compone sus obras y las ejecuta en el piano. Finalmente han contribuido a realzar su per­sonalidad sus atributos de político indepen­diente y honesto, explícitos a través de sus va­lientes campañas de prensa. Andrade y Cordero es autor de una producción literaria muy extensa, que se ha vertido en el poema, en el ensayo crítico, en la crónica descriptiva de lugares nacionales, en el cuento y en el vario artículo de periódi­co...

 

Sus cuentos, "del ande y de la tierra" como él los llamó, y que aparecieron en 1932 bajo el título de "Barro de la sierra", le incor­poraron por derecho propio al grupo de los iniciadores de la narración moderna del Ecua­dor. La inspiración regional, los objetivos so­ciales, la animación dramática de las criaturas del campo y sus tempranos atributos de esti­lista le dieron lugar entre aquéllos, aunque su vocación misma ni su dominio de la técnica se desarrollaron con plenitud en ese género. Lo que Andrade y Cordero ha sido preponderantemente, pero sin desmedro de sus otros talentos, es un brillante poeta lírico. Descon­tados pues sus relatos y sus prosas de "Ambato, caricia honda" (1945), "Ruta de la poesía ecuatoriana contemporánea" (1951), "Estirpe de la danza" (1951), "Hombre, destino y pai­saje" (1954), y de muchos otros trabajos pu­blicados en diarios del país, su abundante producción de versos es la que mejor lo ca­racteriza. El propio autor, que los había veni­do editando a través de varias décadas, los re­cogió en una severa antología titulada "Las cúspides doradas" (1959).

 

Fuente: Galo René Pérez, Literatura del Ecuador 400 años –crítica y selecciones-, ediciones Abya-Yala, Quito-Ecuador, 2001.

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