Nació en la ciudad de Cuenca. Allí mismo hizo sus estudios, hasta doctorarse en Derecho. Desde joven ha profesado la docencia en los centros donde se educó: el Colegio Nacional Benigno Malo y la Universidad de Cuenca. Simultáneamente ha ejercido con brillantez el periodismo, colaborando en "El Mercurio", de su ciudad natal, y en "El Universo" y "El Telégrafo", de Guayaquil. Además, no ha abandonado la abogacía. Dentro de la cultura ecuatoriana ha adquirido su figura un relieve singularmente notable. Porque Andrade y Cordero es un hombre de sólida formación intelectual: ha frecuentado a escritores y filósofos de todos los tiempos...
A esa solidez de su inteligencia se une, por fortuna, el caudal de una sensibilidad impar, de artista extraordinario, que domina en igual grado la poesía y la música. Los grupos de sus íntimos conocen la destreza con que compone sus obras y las ejecuta en el piano. Finalmente han contribuido a realzar su personalidad sus atributos de político independiente y honesto, explícitos a través de sus valientes campañas de prensa. Andrade y Cordero es autor de una producción literaria muy extensa, que se ha vertido en el poema, en el ensayo crítico, en la crónica descriptiva de lugares nacionales, en el cuento y en el vario artículo de periódico...
Sus cuentos, "del ande y de la tierra" como él los llamó, y que aparecieron en 1932 bajo el título de "Barro de la sierra", le incorporaron por derecho propio al grupo de los iniciadores de la narración moderna del Ecuador. La inspiración regional, los objetivos sociales, la animación dramática de las criaturas del campo y sus tempranos atributos de estilista le dieron lugar entre aquéllos, aunque su vocación misma ni su dominio de la técnica se desarrollaron con plenitud en ese género. Lo que Andrade y Cordero ha sido preponderantemente, pero sin desmedro de sus otros talentos, es un brillante poeta lírico. Descontados pues sus relatos y sus prosas de "Ambato, caricia honda" (1945), "Ruta de la poesía ecuatoriana contemporánea" (1951), "Estirpe de la danza" (1951), "Hombre, destino y paisaje" (1954), y de muchos otros trabajos publicados en diarios del país, su abundante producción de versos es la que mejor lo caracteriza. El propio autor, que los había venido editando a través de varias décadas, los recogió en una severa antología titulada "Las cúspides doradas" (1959).
Fuente: Galo René Pérez, Literatura del Ecuador 400 años –crítica y selecciones-, ediciones Abya-Yala, Quito-Ecuador, 2001. |