PEDRO JORGE VERA (1914 - 1999)

Nació en la ciudad de Guayaquil. Allí mismo realizó sus estudios. Siguió la carrera universitaria de leyes, pero no la terminó. Se dejó arrebatar, en los tempranos días de insu­misión y escepticismo de su juventud, por las fuerzas atorbellinadas de la política. Desde entonces ha entregado conciencia, sensibili­dad e imaginación a la atmósfera de azar y duelos, de confusión y contrastes, que ha ca­racterizado a la vida pública ecuatoriana... Vera ha permanecido a lo largo de varios de­cenios en una posición partidaria inmutable.

 

... Su participación en el flujo de los acontecimientos nacionales no le ha movido del ángulo de la extrema iz­quierda en que decidió ubicase. No ha ejercido más funciones públi­cas que las de Secretario General de una Asamblea Nacional Constituyente. Su tiempo cotidiano ha sido compartido por las labores de creación literaria, su ejercicio de columnista de varios diarios del país, la edición de revistas de carácter polémico y, durante algu­nos años, su docencia universitaria. Fue fun­dador de dos publicaciones que circularon regularmente con alguna profusión: "La calle", acompañando al escritor Alejandro Carrión, y "La mañana". Esta fue clausurada en 1970, por orden gubernamental, y su director reci­bió pena de prisión.

 

Pedro Jorge Vera, aparte de su abun­dante producción periodística, ha escrito va­rios libros, y en géneros diferentes. En la poe­sía: "Carteles para las paredes hambrientas", "Nuevo itinerario", "Romances madrugado­res" y "El túnel iluminado". En la novela: "Los animales puros", "La guamoteña", "La semilla estéril", "Tiempo de muñecos" y "El pueblo soy yo". En el cuento: "Luto eterno y otros re­latos" y "Un ataúd abandonado". En el teatro: "El dios de la selva" y "Los ardientes cami­nos". Ha obtenido premios nacionales en el Ecuador. Lo primero que agavilló en su profesión literaria fueron sus poemas. Apuntaron en ellos su brío de mocedad y una impulsión de insofocable rebeldía. Hallábase en apogeo cierta condición épica del verso, que buscaba ser mas evidente y conmovedor mientras más herido en las zarzas de la problemática social. Pero infortunadamente, junto con el aprove­chamiento legítimo de sus atributos, hubo pronto el abuso, punible en el recto juicio del crítico, y la impostura, a que conducen los, desafueros de una imitación simiesca.

 

Pedro Jorge Vera se fue estableciendo ya en un campo que parece el mas apropiado a su vocación: el de narrador. Tanto sus rela­tos breves como sus trabajos novelísticos en­cierran méritos innegables. Entre aquéllos es representativo su "Luto eterno": sobrio en su estilo, seductor en su animación interna, ágil y eficaz en la caracterización femenina, bien enhebrado en sus contingencias episódicas, fiel en el reflejo de los hábitos falaces de los grupos familiares y sociales, irónico en el jue­go de sus rápidos matices descriptivos.

 

Tam­bién alcanzan contornos sobresalientes sus cuentos de "Los mandamientos de la ley de Dios". En ellos se ha hecho uso de la motiva­ción política sin eludir las exigencias de la técnica misma con que se arma una narra­ción. Los ingredientes poéticos del lenguaje y los influjos emotivos alternos, de la desespe­ración y la ternura, van comunicando fuerza persuasiva a la evocación veraz de los he­chos. Un buen ejemplo de eso es la elimina­ción sangrienta del Che Guevara, en el "déci­mo mandamiento"...

 

... su más reciente novela: "El pueblo soy yo". Vera ha dicho que ella "no es historia, pero está inspirada en la historia y envuelta en ella". Se ha opinado, de modo consecuente, que "es la síntesis de la tragedia del pueblo ecuatoriano en los últimos cuarenta años hecha novela"... 

 

Fuente: Galo René Pérez, Literatura del Ecuador 400 años –crítica y selecciones-, ediciones Abya-Yala, Quito-Ecuador, 2001.

© Edufuturo   Pichincha - Ecuador   2006
Diseño y Programación: Pentaedro
0.014 qc