Nació en la ciudad de Guayaquil. Allí mismo se doctoró en leyes. Su vida estudiantil no pasó inadvertida. Fundó asociaciones universitarias. Intervino en actos culturales. Dio a conocer las primicias de su talento literario. El entusiasmo persistió más allá de las aulas, con esa misma doble proyección de los hechos y las ideas. Fue profesor de colegio y universidad. Hombre público. Ejerció la Secretaría General de la Administración y misiones consulares del Ecuador. Y simultáneamente fue enriqueciendo las letras con cuentos magistrales. Su muerte, ocurrida a los treinta y siete años de edad, cortó una obra en ascensión admirable. Es evidente que su temprana madurez se hizo notar en los años treinta con una producción abundante y homogénea, que no cesaba de aparecer bajo el rigor de una clarísima inteligencia y las demandas de un gusto bien cultivado.
En el corto lapso de menos de un decenio consiguió De la Cuadra la creación de cuentos, novelas, artículos y ensayos que tienen más cualidades de solidez y gracia que los trabajos que otros se han esforzado en realizar en un tiempo tres veces mayor... Para la fecha en que publicó "Oro de sol" (1925) en las prensas del diario guayaquileño El Telégrafo, y cuyo contenido eran dos narraciones de alguna extensión tituladas "Nieta de Libertadores" y "El Extraño paladín", los indicios de su capacidad de cuentista se insinuaban ya con mayor firmeza y nitidez...
En 1930 apareció una antología con seis de sus relatos, que volvió a editarse en Madrid en 1932. El ojo del crítico puede advertir fácilmente en ese volumen -titulado "El amor que dormía"- la evolución que se ha cumplido en el inteligente ejercicio narrativo de José de la Cuadra. Su lenguaje es más sobrio y eficaz. Mucho mejor el ensamble de los episodios. Más natural la manera de presentarlos. Ha aprendido a dominar con seguridad los secretos del buen narrador, manteniendo viva la expectación del lector hasta el punto final. En aquella antología sobresale "El maestro de escuela", novela corta en la cual los personajes actúan, sienten y hablan como criaturas que realmente existieran frente a nuestros ojos...
En 1931 apareció su haz de narraciones titulado "Repisas". Entre todas ellas destaca la que lleva el nombre de "Chumbóte", que consiste en la historia de un pobre muchacho costeño contra el que los patrones descargan diariamente su sevicia...
Después publicó un libro aun más homogéneo en la calidad de sus narraciones: "Horno". Ello fue en 1932 , en Guayaquil. Una segunda edición se hizo en 1940, en Buenos Aires. Contiene doce relatos... Entre los cuentos de aquel libro conviene recordar por lo menos "Olor de cacao", clásico ejemplo de fuerza y de gracia... Y entre las novelinas, hay que nombrar siquiera a dos, que son estupendas y que no deberían faltar en las antologías hispanoamericanas: "Banda de pueblo" y "La Tigra"...
De la Cuadra escribió dos novelas: "Los Sangurimas" (Madrid, 1934) y "Los monos enloquecidos" (aparecida en Quito, 1951, en edición póstuma y fragmentaria). "Los Sangurimas", o "novela montuvia" como la llamó el autor, no tiene el soporte de la novela tradicional.
Fuente: Galo René Pérez, Literatura del Ecuador 400 años –crítica y selecciones-, ediciones Abya-Yala, Quito-Ecuador, 2001. |