EL DÍA QUE EL GALLO SE NEGÓ A CANTAR  

En una granja había un gallo, una vaca, dos chanchitos, un borrego blanco y un caballo viejo. Todas las mañanas el gallo cantaba y con su canto despertaba al sol, que salía redondo y amarillo a despertar al campesino que despertaba a una niña que era su hija y que salía a darle de comer al gallo, a la vaca, a los dos chanchitos, al borrego blanco y al caballo. Un día el gallo no cantó. La mañana estaba obscura y fría. Parecía que el sol seguía durmiendo. La vaca, los dos chanchos, el borrego blanco y el caballo viejo se asustaron mucho y le fueron a exigir al gallo que cantara para despertar al sol, que despertaba al campesino, que despertaba a la niña que les daba de comer.

 

El gallo los miró enojado y respondió: “Me niego a seguir cantando, porque ustedes no saben pedir con cortesía y además nunca me agradecen...” Si ese es el problema, esto tiene solución”, dijo aliviado el caballo viejo. Se acercó a donde los otros animales y les susurró algo al oído. Luego, la vaca, los dos chanchitos, el borrego blanco y el caballo viejo dijeron  a coro: “Por favor canta”.

 

El gallo sonrió y dijo: “Ah,  pues si es así, entonces voy a cantar de nuevo”. “Muchas Gracias”, dijeron los animales y el gallo volvió a cantar todos los días.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

EL PÁJARO TUCÁN Y EL PUERCO ESPÍN  

Había una vez un pájaro tucán y un puerco espín que vivían en el mismo bosque y eran muy, pero muy buenos amigos. ¿Cómo pueden llevarse tan bien?, se preguntaban los animales del bosque, si un pájaro tucán y un puerco espín son tan diferentes?

 

“Porque todos sabían que el pájaro tucán tenía plumas suaves y el cuerpo del puerco espín estaba cubierto de espinas duras, y que el pájaro tucán volaba por el cielo mientras el puerco espín caminaba por la tierra. “Es verdad que somos diferentes”, dijo el puerco espín a los animales de bosque. Pero podemos llevarnos bien, porque compartimos algo muy importante...” “¿Que es eso?” preguntaron los animales del bosque .  “la amistad y el amor”, contestó el puerco espín. Y contento se fue a jugar con el pájaro tucán.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  

EL NIDO DE GOLONDRINAS  

En una hermosa tarde de sol y cielo azul un niño jugaba con su cometa.

El viento empezó a soplar cada vez más fuerte y arrancó el hilo de las manos del niño haciendo que la cometa se enredara en las ramas de un árbol.

 

Cuando el niño se subió al árbol vio que la cola de la cometa se había metido dentro de un nido de golondrinas y mamá pájara estaba usando como cobija para sus bebés.

 

No quiero perder mi cometa, pero tampoco quiero molestar a los pajaritos dentro del nido, dijo el niño.

El  niño se sentó debajo del árbol a pensar. El podía volver hacer una cometa pero si los pajaritos bebes se morían, no lo podría remediar.

Cuando el niño decidió no tocar el nido de golondrinas, y se fue  hacer otra cometa, parecía que el sol brillaba más que antes y que el cielo azul era  aún más hermoso.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  

LAS HORMIGAS Y EL ARMADILLO  

Había una vez un ejército de hormigas que vivían en un hormiguero cerca de un enorme árbol en el bosque. Todas, menos una hormiguita que siempre llegaba tarde, Tenía que recoger las hojas para su comida, temprano, antes de que el armadillo, que le gustaba comer hormigas, despertara. Un día, la hormiguita no llegaba y no llegaba. Las otras hormigas estaban cansadas de esperar cuando por fin la hormiguita llegó, empezaron la marcha, pero ya era un poco tarde y el sol ya se había ocultado.

 

Las hormigas vieron asustadas como el armadillo les salía al encuentro. Aunque corrieron por todos lados, muchas hormigas terminaron siendo la cena del armadillo.

Al ver  que lo que había sucedido era por su culpa, la hormiguita se puso muy triste y avergonzada. “Caramba, ahora me doy cuenta de lo importante que es ser puntual”, dijo arrepentida. Pidió perdón a las otras hormigas y nunca más fue impuntual. 

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

EL SECRERO PARA VIVIR MEJOR  

Es amar nuestra patria, y cantar con respeto el Himno Nacional. Es tirar el papel de un chupete dentro del basurero, y no en la calle. Es seguir las reglas de tu clase., aunque la maestra no te esté viendo ese momento.

 

Es no burlarse del compañero cuando él se equivoca en una lección. Es esperar tu turno en la fila sin empujar. Es pedir prestadas las cosas y no tomarlas calladito. Es no cortar las flores de los parques. Es saludar a los demás.

 

Es no manchar las paredes ni las mesas de la escuela. Es no dejar tirados tus juguetes por el suelo. Es ayudar a las personas mayores. Es obedecer las señales de tráfico y pasarse la calle corriendo sin ver.

 

¿QUE OTRAS COSAS PUEDEN HACER PARA QUE TODOS VIVAMOS MEJOR?

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  EL JUEGO DEL TRENCITO  

¡Vengan chicos a jugar al tren!

 

Necesitamos un maquinista de turno, vagones y muchos puentes. Los vagones serán los niños y niñas que se agarren de la cintura formando un trencito; los otros nos tomaremos de las manos y nos pondremos en distintos lugares de la ruta del tren a manera de puentes. Así, a veces, con las manos en alto, dejaremos pasar al tren y otras, con las manos abajo, le cerraremos el paso.

 

Para que los puentes se alcen de nuevo, los niños que forman el tren deben decir bien alto”por favor ábrete puente”, y luego continuar con un “gracias”cuando el puente se alce; de no hacerlo, el maquinista se negará a continuar y el trencito se quedará parado en el mismo lugar.

 

Mientras jugamos vamos a cantar:

“El trencito de latón no es más grande que un ratón, y si no le dices “gracias” no sale de la estación. Por favoooooooor, por favoooooor, gracias, gracias, gracias, gracias, va el trencito, corriendo por la estación, ción, ción, ción, ción”

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003 

 

ESTEBAN EL OSITO DE ANTEOJOS

 

Esteban regresa de la escuela y encuentra que hay visitas en su casa. Saluda dando la mano, mira a la cara y sonríe. No interrumpe la conservación y espera a que terminen de hablar para él también intervenir. 

 

Esteban se tropieza y sin querer rompe un vaso.

 

Se siente muy apenado y pide disculpas

¿Por suerte no se ha lastimando!

 

Cuando se sienta a comer con la familia, muy contento se toma toda la sopa y agradece cuando termina.

 

Antes de ir a dormir, deja que su hermanita pequeña se lave los dientes primero.

 

¿”Que osito tan educado! Me siento tan orgullosa, dice Mamá Osa cuando lo viene a

 acostar, y cariñosa le da un abrazo de osa.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

QUE BUENO QUE  SOMOS DIFERENTES  

Todos somos diferentes. Nadira tiene el pelo crepo, negro y brillante. Amanda lo tiene claro, lacio y suave. Rosana es alta y le gustan los caramelos rojos y a su mejor amiga , Lucía que es bajita, le encantan los verdes.

 

Antonio tiene los ojos muy grandes y redondos. Los de Miguel son pequeños y alargados. Amanda tiene miedo a la oscuridad, pero gana  a todos en las carreras. A Jorge no le gusta jugar fútbol, en cambio dibuja muy bien.

 

Un día nuestra maestra recortó muñecas de papel. Todas eran absolutamente iguales. Nos pusimos a pensar que aburrido sería si nosotros fuéramos iguales, como las muñecas.

 

Si todos tuviéramos el mismo tamaño, el mismo color de piel, de ojos y de cabello sería imposible distinguirnos unos de otros. Si a todos nos gustaran las mismas cosas, no tendíamos nada que intercambiar.

 

Si todos pensáramos igual, nunca aprenderíamos algo nuevo. Y la música sería igual en todas partes y la comida y la ropa y los libros y a nadie le interesaría hacer descubrimientos.

 

Aunque no somos iguales, somos parecidos: nos gusta reír, jugar, recibir cariño y estar protegidos. Pero yo no  soy como tú y tú no eres como yo: yo pienso de manera diferente que tú, siento de diferente manera que tú, hago las cosas de diferente manera. Me veo

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  

SUSANA Y LA MENTIRA DE LARGAS TRENZAS  

Susana necesita un pedazo de tela para cobijar a su nena. Toma las tijeras y cuidadosamente corta una parte del mantel. Más tarde , cuando mamá entra a la cocina se sorprende al encontrar el mantel cortado. “¿Quién pudo hacer tal cosa? ¿Has sido tú, Susana?”

 

“No, mami. Yo no fui”.

 

Mamá se ve tan disgustada que Susana no se atreve a decir la verdad. De repente algo aparece a su lado.  Tiene forma de pera y en su cabeza unas trenzas largas, largas. Es la mentira.

 

La mentira se pega a la niña como si fuera su sombra. “¿Quítame mentira!, exclama furiosa Susana. No quiero saber nada de ti”.

 

Pero la mentira no se va y mas bien, salta de un lado al otro para llamar la atención de la niña. Susana prende la televisión para poder olvidarse de la mentira. La mentira se pone delante y le hace muecas.Es hora de merendar. Susana se sienta a la mesa y escucha como cu mamá cuenta a su papá sobre el mantel cortado.

 

Y la mentira parece volverse loca: se sube sobre la mesa a darse trampolines sin parar. A Susana le parece que todos le van a ver, pero nadie nota nada y la mentira se sienta en una de las sillas. Esa noche cuando Susana se acuesta, la mentira se acuesta con ella. “¿Uuuy, como pesa! Más que si tuviera diez cobijas, una sobre otra”.

 

¡”Mentira horrible, lárgate de aquí!”, ordena Susana, pero la mentira no le hace ningún caso y se peina sus largas trenzas.

 

Al día siguiente, lo primero que ve Susana cuando se despierta es la mentira, que se encuentra junto a su uniforme de la escuela y su mochila.

 

“No, eso sí que no. Tú no vas a ir a la escuela conmigo”, exclama Susana levantándose de su cama, “Ya no te soporto más”.

 

La mentira tiembla un poquito mientras sigue a la niña que va en busca de su mamá. Al momento de entrar en la cocina la mentira se detiene . Susana duda un instante, se da cuenta que la mentira trata de verse chistosa.

 

“No es ningún chiste mentir”, piensa Susana y corre donde su mamá.  “mami, mami, te mentí. Fui yo quien cortó el mantel. Perdóname”.

 

La mentira en forma de pera con largas trenzas desaparece al instante quedando solamente mamá, quien la toma entre sus brazos y le dice: “Te perdono Susana, pero no vuelvas a mentir”.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

FITO Y EL MIEDO  

Fito es un perrito  de los llamados “salchicha”. Es uno de los cuatro cachorros. Sus nuevos dueños, Andrés y Victoria, están encantados con él. “Será un buen perro guardián cuando crezca”, dicen y le llevan a su nuevo hogar.

 

Pero cuando crece, Fito tiene un problema: le da miedo la oscuridad y en la noche no sale para nada de su casita. Los perros de los vecinos se burlan de él. “Eres un cobarde”, le acusan enseñándole los dientes.

 

“Soy un fracaso como perro guardián”, piensa tristemente Fito y aúlla lastimeramente. Una noche bien obscura, Fito escucha ruidos extraños. Se pone a temblar sin atreverse a salir. Los ruidos continúan. A Fito le sudan las patitas del miedo, pero recuerda que sus dueños confían en él y sale a ver qué pasa.

 

Es un ladrón que está tratando de abrir la puerta de la casa. Fito da un salto y muerde al ladrón en...donde más le duele. El ladrón escapa aterrado dejando en el suelo una parte de su pantalón y la tele de los vecinos. Las luces de la casa se prenden, todos se han despertado con la bulla.

 

Andrés y Victoria se dan cuenta de que Fito ha defendido la casa.

“¿Qué perrito tan valiente. No tuvo miedo para nada!”, exclaman los niños abrazándole. Fito se siente feliz y mueve tan rápido su cola que parece que se le va a caer. “Si que dio miedo”, piensa Fito rascándose detrás de una oreja. “Pero ha descubierto que ser valiente no es no sentir miedo, sino haberlo vencido”.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

UN DIENTE DE LECHE  

Ana Luisa tenía que ir al dentista, porque un nuevo diente estaba naciendo sobre uno de leche. Parecía que el diente de leche no quería moverse para dar lugar al otro. “No quiero ir al dentista. Sé que me va a sacar un diente, y tengo miedo”.

 

Mamá, papá, la abuela, la hermana mayor y la hija del portero, trataron de convencerla para  que fuera al dentista, pero no lo lograron.

 

Todos los días Ana Luisa miraba sus dientes en el espejo del baño. El diente nuevo estaba creciendo bastante torcido y el de leche seguía sin aflojarse ni un poquito. Pero Ana Luisa no quería ni oír acerca del dentista. Si no vas al dentista te van a salir torcidos los dientes y se te va a ver fea.

 

Ahora sí que Ana Luisa se sentía preocupada. No le gustaba para nada la idea de tener torcidos los dientes. ¡Pero tenía tanto miedo de ir al dentista! Estaba segura que una vez allí, lloraría y lloraría.

 

Por fin un día, faltando dos para su cumpleaños, su hermana logró convencerla de ir. “No seas tonta. Con ese diente flojo no vas a poder comer ni el pastel”. Esa misma tarde Ana Luisa y su mamá fueron al consultorio del dentista. La niña miró a su alrededor, el lugar no parecía tan miedoso, pero su corazón latía como si hubiera corrido .

 

Cuando llegó a su turno, entró arrastrando los pies al caminar. Pensaba que en cualquier se iba a hechar a llorar y eso le hacia sentirse avergonzada. Al fin llegó a la silla del dentista y se sentó mirando fijamente a sus manos. El dentista le saludó alegremente, y cuando Ana Luisa alzó la cabeza para contestarle, no tuvo más remedio que ver a su alrededor.

 

Que interesante era todo eso. Había una pequeña fuente de agua por donde salía un chorro que llenaba un vaso. El doctor sostenía una herramienta pequeña con un espejo al final. En un segundo, el dentista le hizo abrir la boca. Curiosamente Ana Luisa no sentía miedo. El doctor le contó muchas cosas sobre los dientes de leche, mientras que con unas pinzas sostenía firmemente su diente.

 

¡”Ya está”!, exclamó el dentista enseñando triunfante un diente pequeñito. Ana Luisa extendió una mano abierta para recibirlo.

 

“Que niña tan valiente, te felicito”, dijo el dentista sonriendo. La mamá estaba sorprendida. “Imagínese doctor que nosotros pensábamos que esta niña era muy cobarde”. Ana Luisa se sonrojó, volvió a mirar al diente de leche que tenía en su mano y dijo: “Bueno mami, lo que pasa es que a veces uno tiene miedo por fuera, sin saber que por dentro es muy valiente”.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

LA HISTORIA DE LILI CAPULI

 

La primera vez que Lilí vio la luz del sol fue muy temprano, en una mañana del mes de Febrero. El cuerpo de Lilí era pequeño, redondo y verde, y se mecía suavemente junto a sus otras hermanas y hermanos en una rama de un árbol de capulí.

 

Su hogar quedaba en una esquina del parque del pueblo, junto a la pared de la escuela. Desde allí, Lilí podía ver a los niños jugar y eso le gustaba mucho. Todas las mañanas, cuando los niños pasaban para ir a clases, se detenían debajo del árbol de capulí y decían con mirada golosa: siguen verdes, hay que esperar un tiempo todavía para subirnos a cosecharles.

 

Lalí no sabía qué querría decir con eso, pero deseaba ardientemente cambiar de color para que los niños se subieran a verle. Algunos de sus hermanos ya tenían un tono rosado muy bonito.

 

Poco a poco los capulíes fueron adquiriendo un tono rojo oscuro, incluyendo Lilí y una apariencia tan deliciosa que sólo con mirarlos, se les hacía agua la boca a los niños que los admiraban desde abajo.

 

Poco después, dos muchachitos se subieron al árbol y empezaron  a arrancar la fruta poniéndolas en unas canastas pequeñas que llevaban al brazo. Lilí trataba de llamarles la atención meciéndose de un lado al otro.

 

Muchos capulíes se marcharon ese día, pero Lilí se quedó colgada, sostenida por el lazo de su vestido. Pasaron los días y Lilí estaba aburrida. Ella era la única que quedaba de toda la rama y deseaba irse también.

 

Empezó a llover. Las gotas de lluvia golpeaban con fuerza a Lilí. Esto le dio la idea de zafarse ella solita y bajarse con el agua. Cayó sobre el cemento de la vereda y allí se quedó muy quieta, confiando que alguien le llevará.

 

Paso la tarde y la noche y al día siguiente, una niñita que iba a la escuela la vió y agachándose le recogió. Llegó a la escuela, lavó a Lilí bajo un chorro de agua y se le metió en la boa. Poco después, Lií sintió que la ponían dentro de un agujero en la tierra. “Voy a sembrar esta pepita”, dijo la niña. Lilí ya no tenía su vestido morado sino pijama color café.

 

Por algún tiempo Lilí no vio la luz del sol, pero eso no le  preocupaba, porque sabía que algo maravilloso le liba a suceder. Y como tenía mucho sueño, se durmió protegida por la suave tierra negra.

 

Lilí se quedó dormida por mucho tiempo. Cuando despertó se desperezó y bostezó sorprendiéndose de que tenía brazos y unos pies largos que se agarraban fuertemente al suelo.

 

Su cuerpo redondo había cambiado y ahora era alargado y verde, con unas hojas tiernas que la brisa movía y el sol calentaba. Llí se estiró feliz, preguntándose cómo pudo haber sucedido esa maravilla. Recordó a la niñita con agradecimiento: con sólo sembrarle, había hecho posible este milagro.

 

Claro que aún pasaría mucho tiempo hasta  que fuera un árbol grande, pero este era un buen comienzo. Lilí Capulí hundió sus raíces más aún en la tierra húmeda y contenta se puso a esperar.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  

ESTEBAN APRENDE A ACEPTARSE  

Esteban el osito de Anteojos, trata de amarrarse él solo los cordones de sus zapatos y como no puede, se siente un inútil. “No te preocupes, hijito”, le dice su mami cariñosamente. “Todavía eres pequeño y tienes mucho que aprender”.

 

En la escuela, el osito juega fútbol. No puede meter goles y sus amigos se burlan de él. Esteban no quiere jugar más. El entrenador habla con él: “”todo  es cuestión de práctica, Esteban”, le dice. Y el oso regresa al equipo.

 

Esteban tiene muchas dificultades con los números, en las sumas y las restas. “¿Seré un tonto?”, piensa el osito, pero su profesora le explica que para eso va a la escuela, a aprender.

 

Durante el recreo, Lorenzo Locuaz fanfarronea que él sí puede volar y Esteban no. El oso se pone pensativo. “Caray, si que me hubiera gustado se más pájaro que oso”, dice cabizbajo. Pero recuerda qué divertido es ser oso, y sonríe contento.

 

El osito se ve en el espejo: no está muy seguro que le guste su aspecto. Mamá le abraza y le dice: “Tú eres único, Esteban no hay otro ser como tú. Tienes que aceptarte y quererte a ti mismo para que sepas querer y aceptar a los demás.

 

A Esteban le da vergüenza sentir mucho miedo de lanzarse al agua y se cree un cobarde. “No es que seas cobarde, hijito”, explica papá oso. “Cuando somos pequeños es normal sentir miedo de lo desconocido, porque  esto nos protege de muchos peligros”.

 

“A veces, algunos compañeros no quiere jugar conmigo en la escuela, y dicen que les caigo mal. Será que soy antipático, mami?”. Mamá osa sonríe. “Claro que no. Esteban. Lo que pasa, es que no todos nos encuentran simpáticos todo el tiempo”.

 

Esteban: Bueno estoy más tranquilo. Todo lo que ahora no sé voy a aprender mientras crezco. Y pensándolo bien, yo soy un oso muy guapo. Me quiero mucho.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  

LA GOTA DE AGUA

 

Una gota de lluvia estaba sentada sobre la hoja de un árbol. Cerca de allí corría un río de aguas color de esmeralda. Era tan ancho que los árboles de la otra orilla parecían pequeños en la distancia.

 

La gota de lluvia tembló un poquito y exclamó: soy una simple gota de agua sin ninguna importancia, si yo fuera río, que orgullosa me sentiría. El viento le escuchó y de un fuerte empujón  dobló al árbol donde estaba la gota de agua que cayó en medio del río.

 

La gota pensó, que ahora era parte de un poderoso río, se iba a sentir feliz y muy importante, pero la corriente la empujó tan rápido, que sin sentir tiempo para sentir nada, llegó hasta un lugar donde el caudaloso río, caía formando unas enormes cataratas.

 

En forma de espuma, la gota de agua cayó sobre las rocas de la orilla. Estaba todavía un poco atontada por el golpe, cuando sintió que se elevaba por el aire hacia el cielo.

 

La gota de agua se metió dentro de una nube gorda y gris y allí se quedó sin saber qué hacer.  “Que bueno2, pensó. “Ahora si soy importante, porque soy una nube grandota. Pero  no tuvo mucho tiempo para sentirse orgullosa, porque empezó a caer y caer.

 

Hasta llegar al tope de un altísimo volcán; su cuerpo estaba suave y blanco. Se había convertido en nieve. “Que bien, pero qué bien2, pensó esta vez la gota de agua. “Ahora si que soy importante, porque soy el manto de este nevado”.

 

Pero otra vez no tuvo tiempo de seguir pensando, porqué empezó a correr por las laderas. Era un río otra vez.La gota se sentía un poco confundida, mientras avanzaba por la tierra que cariñosa le abrazaba. Viajaba por un lugar hermoso, lleno de plantas y flores de muchos colores. Por la noche salió del río. Flotaba en el viento pero en vez de irse al cielo se quedó enganchada de una flor.

 

“Vaya”, dijo la gota, “comencé como una simple gota de agua, fui un río, fui una nube, fui nieve, fui río de nuevo... ¿No querrá decir eso que, a pesar de ser solo una gota de agua, siempre fui importante?”

 

Un rayo de sol tocó a la gota de agua y le arrancó destellos de colores. “Mira mamá”, dijo un niño que pasaba por allí. “Que linda gotita de rocío”. La gota se sintió feliz. Qué orgullosa estaba de ser lo que era: una simple gotita de agua.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

CUANDO LAS HORAS SE ENFERMARON  

Había una vez un país donde nadie hacía caso de las horas. Los niños eran impuntuales, las mamis eran impuntuales y los papis eran impuntuales. Los niños llegaban tarde a la escuela, y las maestras y maestros llegaban tarde a la escuela. Todos eran tan impuntuales que jamás se encontraban porque unos salían cuando otros entraban.

 

Como nadie daba ninguna importancia al tiempo, las horas se enfermaron gravemente y empezaron a caerse de los relojes. Comenzó cayéndose la 1 de la tarde y luego las 2 y las 3 y siguieron las demás. Estaba a punto de caerse las 7 de la noche, cuando la gente se dio cuenta de lo que pasaba: lo supieron, porque de repente se hizo de noche...una noche oscura oscurísimo.

 

“¡Pues yo pensé que no las necesitábamos...Para el caso que les hacíamos!”, dijo una voz desde la oscuridad. (La Empresa Eléctrica se había atrasado, como de costumbre, en prender la luz).

 

“¿Qué vamos hacer?”, se preguntó en alta voz el presidente, que por primera vez llegó puntual a su despacho. “No podemos quedarnos sin horas”.

 

“¿Quién dijo eso?”, preguntó irritado el Presidente. “Disculpe, señor, fui yo” contestó la mujer que hacía la limpieza. En sus manos llevaba el recogedor de basura con las horas caídas que había barrido el suelo.

 

“Esto es ridículo”, comentó el Presidente. “Claro que necesitamos tener horas y cumplirlas. Si no cómo vamos a vivir”. La señora estaba encantada de poder dar su opinión al Presidente y dijo.”Pues yo creo que debemos mejorar nuestros hábitos y dejar de ser impuntuales”.

 

Al día siguiente el Presidente salió a la plaza: “Desde ahora todos vamos a respetar las horas y llegaremos siempre a tiempo”. “Viva, viva, este Presidente si nos respeta”, -dijo la gente-, “Ahora entre todos vamos a construir un país mejor”.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

 

JUGUEMOS A SER  PUNTUALES  

Este juego es parecido al de las SILLAS MUSICALES y para jugar debemos poner una silla menos que el numero de niños que juegan. Las sillas deben ir juntas, colocadas en dos hileras paralelas y pegadas unas a otras por los espaldares.

 

Los niños empiezan a caminar alrededor de las sillas mientras cantan: “El que llegó tarde a Quito perdió su banquito, el que llegó tarde a Guayaquil perdió su canguil. Pero el que llega puntual todo encuentra igual”.

La maestra o el maestro deben dar la señal de cuando detenerse. Entonces los niños tratan de encontrar asiento. La niña o niño que no encuentre donde sentarse, sale del juego. Cada vez que sale un niño, se retira una silla. El resto de niños siguen jugando.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  

EL PUENTE DE DON BUITRE

 

A Don Buitre le encargan construir un puente. Don Buitre quiere hacelo muy rápido, para irse pronto a su casa. “Cuidado don Buitre”, dice la ardilla Padilla “Esas ramas están podridas y no van a resistir mucho tiempo”.

 

“No me importa”, contesta Don Buitre y sigue construyendo el puente con las ramas malas. ¿”Acaso no se siente responsable si el puente se cae y no dura nada?”, pregunta la Ardilla Padilla. “Claro que no. A mí me han encargado que entregue un puente, pero no me han dicho cuánto tiempo tiene que durar”. El puente está terminado. Don Buitre recibe lo ofrecido y se dispone a marcharse.

 

Al cortar una rama Don Buitre se lastima una de las alas. Así que tiene que caminar por el puente para ir a su casa. Cundo está en la mitad del puente, éste se viene abajo. ¿Por qué crees que esto ha sucedido? Porque el puente de Don Buitre está mal construido.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

LAS LLAMITAS SE VAN DE PASEO

 

Tita y Tati saludan a las otras llamas.

Vamos de paseo al otro lado de la montaña.

Tati ayuda a llevar los víveres.

Esperemos nuestro turno para que nos den la comida.

Tita recoge la basura en una bolsa.

Una amiga se resbala.

Tita y Tati le ayudan a ponerse de pie.

Tía Ana cuenta una historia.

Las llamitas escuchan con atención.

Toño no puede cantar bien.

Tita y Tati no se burlan de él.

Las llamitas regresan a casa antes de que sea tarde para no preocupar a mamá y a papá.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

MIRA LO QUE ENCONTRE

 

María: ¿Mira Dolores, me encontré un reloj en el suelo!

Dolores: ¡Qué suertuda! ¿Te lo vas a guardar?

María: No porque no es mío.

Dolores: Mis hermanos dicen que el que lo encuentra se lo queda.

María: pero, si yo pierdo algo, si que me gustaría que me lo devuelvan. ¿Y a ti?

Dolores: Sí. A mi también

María: Encontré este reloj, señorita.

Maestra: ¿Mi reloj!, ¿lo estuve buscando por todas partes! Y pensé que ya lo había perdido para siempre.

María: Pues ya lo tiene de vuelta, señorita.

Maestra: Gracias María, me siento muy orgullosa de ti.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

 

EL LAPIZ ROJO  

Lo primero en que se fijó Antonio cuando llegó a clases esa mañana y se sentó en su lugar de siempre fue en el lápiz de Andrés, su compañero de puesto. Era un lápiz rojo brillante, con un borrador en forma de una motobomba de bomberos.

 

Antonio no podía despegar la mirada del lápiz rojo. ¡Qué lápiz tan lindo! A él le hubiera gustado tener uno igual. Abrió su mochila y sacó su lápiz, era uno común y corriente con un pequeño borrador rosado ya bastante gastado.

 

La clase comenzó y los niños tenían que copiar una tarea que estaba escrita en el pizarrón. Antonio miró de reojo a Andrés que estaba escribiendo con el lápiz rojo. Así, en la mano del otro niño se veía hasta más bonito que cuando estaba sobre el escritorio. Pasaron la primeras horas de clases y llegó el recreo.

 

Todos los niños salieron corriendo al patio para jugar. Antonio se quedó sentado en su lugar, pensando. Cuando la clase estaba vacía, extendió su mano y rápidamente tomó el lápiz rojo que Andrés había dejado sobre su cuaderno. Despacito Antonio se puso a escribir con el lápiz. ¿Qué maravilla como resbalaba sobre el papel. Hasta parecía que las letras se dibujaban solas! Sin pensar dos veces, Antonio puso el lápiz rojo dentro de su mochila, bien al fondo y luego salió, él también, al patio para el recreo.

 

Cuando los estudiantes regresaron, Andrés se puso a buscar su lápiz sin poderlo encontrar. Aviso al profesor, quien pregunto a toda la clase si alguien había visto al lápiz rojo, pero nadie dijo nada. Andrés agachó su cabeza sobre sus brzos cruzados, y se puso a llorar.

 

Antonio no le gustaba ver triste a su amigo, pero al mismo tiempo quería quedarse con el lápiz rojo. Se dio media vuelta y se quedó de espaldas a Andrés durante el resto de clases. Al término del día, cuando era hora de marcharse de la escuela, Antonio salió rápidamente , sin esperar a Andrés para caminar juntos como era su costumbre.

 

Ahora el lápiz rojo era suyo y casi no podía esperar para verlo nuevamente. Sostenía la mochila fuertemente, como si temiera que el lápiz se saltará y saliera huyendo. Se metió en el baño y cerró la puerta. Sacó el lápiz rojo para admirarle. La punta se había roto y ya no le pareció tan brillante como esta mañana. Además se acordó de cómo había llorado Andrés.

 

Antonio puso el lápiz nuevamente en la mochila, se sentía avergonzado, tenía un extraño malestar en el estómago y los ojos empezaron a llenársele de lágrimas. Se pasó la mano por la nariz y se detuvo, pensado. Agarró su mochila de nuevo y salió corriendo por el corredor de la escuela. Quizás todavía podía alcanzar a Andrés en la puerta principal. Cuando vió al otro niño, se acercó donde él, y le devolvió el lápiz.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  

BUENOS AMIGOS  

Esteban, el osito de anteojos, regresa a la casa de la escuela.

Su mamá le nota algo raro.

El osito cuenta que ha llegado un nuevo oso a la escuela, y que su amigo Diego se puso a jugar con él.

Mamá explica que no es razón para ponerse tan triste. Que es bonito compartir a los amigos.

Al día siguiente, en la escuela, Esteban sigue el consejo de su mamá; juega con Diego y el otro oso.

En la realidad los tres ositos pasan muy bien durante el recreo, corren y ríen y hacen planes para divertirse.

Esteban cuenta a su mamá que ahora Diego, el nuevo oso y él son muy buenos amigos.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

  COMPARTES EL SOL CONMIGO  

Había una vez una niñita que salió a caminar. Cuando estaba yendo por el camino vio a un árbol. “Árbol, arbolito ¿quieres compartir el sol conmigo?, preguntó la niña. El árbol meció sus ramas y la niña le pareció una contestación afirmativa, así que contenta de saber que compartía el sol con el árbol siguió caminando.

 

Más allá se encontró con en caballo. “Caballo, caballito”, ¿quieres compartir el viento conmigo?, dijo la niña y el caballo sacudió su cabeza de arriba hacia abajo, la niña creyó que el caballo decía que sí, y siguió caminando contenta al saber que compartía el sol con el árbol y el viento con el caballo.

 

Más adelante se encontró con una rosa y como empezó a llover, la niña preguntó con una sonrisa: “Rosita, rostia, ¿quieres compartir la lluvia conmigo? La rosa tiró un pétalo al suelo que hizo pensar a la niña que estaba de acuerdo, así que siguió caminando contenta de saber que compartía el sol con el árbol, el viento con el caballo y la lluvia con la rosa.

 

Ya terminaba el día y una estrella apareció en el firmamento. “Estrella, estrellita”, canto la niña. ¿Quieres compartir el cielo conmigo? La estrella hizo guiños a la niña, dándole a entender que estaba de acuerdo, y ella feliz siguió caminando pensando que compartía el sol con el árbol, el viento con el caballo, la lluvía con la rosa y el cielo con la estrella.

 

Al llegar a su casa se encontró con su mamá que le estaba esperando. “Te quiero mucho”, dijo la niña y la mamá contestó dándole un beso: “yo también a ti”. Y las dos se sintieron muy contentas de compartir ese cariño.

 

Fuente: Educación en Valores y Actitudes, 2do. y 3er años de Educación Básica, Texto: Edna Iturralde, UNICEF, MEC, Libresa, 2003

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