(Loja 1889-Guayaquil 1974) En 1907, rompiendo con todos los prejuicios imperantes que mantenían a la mujer en la esfera netamente doméstica, se matriculó en el colegio de varones Bernardo Valdivieso, único plantel de enseñanza secundaria que existía en su ciudad natal, donde cursó los seis años de estudio y en 1913, realizando incontables sacrificios, obtuvo el titulo de Bachiller.
En 1914 emprendió el viaje a Quito para matricularse en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, siendo rechazada por ser mujer. Ese mismo año solicitó y obtuvo el ingreso en la Universidad del Azuay, donde consiguió brillar por su clara inteligencia y dedicación al estudio, egresando el año 1919, con el título de primera Licenciada en Medicina, con las más altas calificaciones.
De vuelta a la capital de la República, se matriculó en la Universidad Central para culminar su carrera convirtiéndose en la primera médica del Ecuador ( 1921).
Casada con el abogado zarumeño, Dr. Fernando Prócel Lafevre, pasó a residir en Machala, capital de la provincia de El Oro, donde abrió su consultorio y el año 1924.
Fue protagonista de un hecho histórico sin precedente, al reclamar y obtener la aprobación del derecho al sufragio para la mujer ecuatoriana, que ejerció en dicha capital provincial, dando a nuestro país el privilegio de ser el primero en aprobar el voto femenino en América Latina.
Mujer de gran espíritu cívico-patriótico, mas adelante fue concejal del cantón Machala, primera mujer vicepresidenta del Concejo Cantonal y primera mujer jefe eolítico en la capital provincial donde había fijado residencia. Fue también fundadora y directora de la Asistencia Pública regional de El Oro; fundadora de la Cruz Roja provincial, y miembro fundador de la Casa de la Cultura Núcleo de El Oro
En 1941 terció en elecciones populares como candidata a diputada, integrando la lista del Partido Liberal de Loja. No obstante su triunfo obtenido en justa lid electoral, su puesto de primera mujer diputada en la historia del Congreso Nacional le fue escamoteado por sus propios coidearios varones, por el hecho de ser mujer, quedando en categoría de suplente.
Alternó sus actuaciones de la vida pública con la cátedra, la literatura y el ejercicio de la medicina hasta avanzada edad. Reconocida por sus contemporáneos, fue distinguida con altas condecoraciones del Estado y de parte de entidades clasistas.
En Loja, Guayaquil y Machala existen planteles educativos que llevan su nombre y monumentos que perennizan su luminosa trayectoria. Las mujeres ecuatorianas tenemos en ella al paradigma de una lucha tenaz y positiva que dio por resultado la apertura de nuevos caminos antes vedados para el elemento femenino
Fuente: Jenny Estrada.