POESÍA DEL SIGLO XX

CARLOS EDUARDO JARAMILLO

Loja, 1932; en la actividad cultural ha participado en la dirección de la editorial de la Casa de la Cultura y en otras entidades artísticas. Abogado de profesión, ejerce en Guayaquil cargos importantes en la función judicial. Obra literaria: 150 poemas (1961), La noche y los vencidos (1967), El hombre que quemó sus brújulas (1979), Las desvelaciones de Jacob (1970), Una vez la felicidad (1972), Crónica de la casa, los árboles y el río (1973), Perseo ante el espejo (1974), La edad del juego (1977), Tralfamadore (1977), Veinte años de poesía (1979), Blues de la calle Loja (1990).

EN LA JURISDICCIÓN DEL SOL Y LOS SALVAJES PERFUMES

El mundo de lo sensorial abre su corazón de fruta y nos consume y nuestras cabezas que habían desertado de los campos de flores para cuidar su rosa única vuelven a la jurisdicción del sol y los salvajes perfumes se dejan arrastrar, ir y venir en la marejada de la belleza como una cáscara gozosa contemplan la manzana en la rama extendida del brazo conscientes de su savia y del demorado y deleitoso sabor de las puertas que ya jamás podrán cerrarse porque los muros volaron por el cielo, adornadas con simples atavíos para el sagrado rito del infinito goce de la brevedad del amor.

UNA VEZ LA FELICIDAD

Una vez la felicidad vivió bajo mis hombros asustó pájaros y vampiros rompió los dientes y los sortilegios de los brujos puso el mundo a mi lado como un saco cerrado juzgado y comprendido sin abrir una puerta me hizo saber que había traspuesto la región del secreto la gran verdad olía como un jardín mi amada y yo éramos dos ángeles vagamente obscenos los sexos flores luminosas en la niebla primaveral de los deseos la felicidad me separó de mi parentela y de todos los que gozaban bienestar pero que no alcanzaron el estado de gracia la felicidad asimismo me dejó dándome firmes compensaciones virtudes solidarias mujeres en el lecho y anduve otra vez a caza de la verdad como un ángel amnésico. He tratado de reconocer el olor de aquel jardín el color de ese sueño hurgarme por alguna señal guardada al fondo por la cicatriz de las alas. El mundo me rodea como una cintura. Un tiempo la felicidad me hizo desear y tener la soledad el dolor me ha devuelto a la vida a su esplendor y a sus estercoleros.

SI NO SOY IMAGINATIVO

Si no soy imaginativo cómo voy a volar viajar en la astronave de la hipérbole abeja picadora de mundos y planetas basta llegar a la Flor Únicamente Aroma. Si no soy ambicioso ordenador cómo saltaré la valla de los órdenes que han fallado construiré las gradas del Templo el Templo mismo que dé a la cima y no solo a elevados terraplenes. Tendré pues que bajar y bajar buscar hasta el sinfondo más allá de la draga del espanto de mí mismo. ¿Pero cómo librarme de la bolsa de aire de la razón que es por otra parte mi boleto de regreso?
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