LEÓN FEBRES CORDERO (1931)

Por: Simón Espinosa Cordero

"Vamos a ganar esta batalla. Vamos a demostrarle al mundo de cuánto es capaz este pueblo que vive aquí en el centro del universo. Vamos a lograrlo porque con Dios y con vosotros sí se puede". (Mensaje de toma de posesión, 10 de agosto de 1984).

PRESIDENCIA DE LEÓN FEBRES - CORDERO
Período Presidencial: 10 de agosto de 1984 a 10 de agosto de 1988
Primera Dama: María Eugenia Cordovez
Vicepresidente: Blasco Peñaherrera Padilla: 10 de agosto de 1984 a 10 de agosto de 1988

León Febres Cordero
León Febres-Cordero triunfó en la segunda vuelta electoral el ocho de mayo de 1984 con 1' 381.709 votos sobre Rodrigo Borja, que obtuvo una votación de 1'209. 089 sufragios. El 29 de enero de 1984, en la primera vuelta, había ganado el binomio Borja-Aquiles Rigail de la coalición ID-PCD (Izquierda Democrática y Pueblo, Cambio y Democracia) con el 24,08 por ciento de la votación sobre el Frente de Reconstrucción Nacional (FRN) de Febres-Cordero / Blasco Peñaherrera que logró el 23,32 de cada 100 votos válidos emitidos.

Los partidos Conservador, Coalición Institucionalista Demócrata, Liberal, Social Cristiano, Nacionalista Revolucionario y Velasquista integraban el FRN. Los partidos del Centro y de la Izquierda apoyaron a Borja en la segunda vuelta. El FRN hizo una campaña antiestatista y de desregulación y liberación de mercados inscrita en la teoría neoliberal. Borja enfatizaba el papel del Estado en el desarrollo económico, el aumento de las inversiones estatales y la resolución de los problemas de desigualdad en las ciudades y el campo. Para la segunda vuelta Borja campañó tranquilo, pero Febres-Cordero aceleró el ritmo y se volvió populista con el lema "pan, techo y empleo".

LEÓN

Nacido en Guayaquil el nueve de marzo de 1931, León Febres-Cordero se educó en el colegio Cristóbal Colón de los padres salesianos y se graduó, con honores, de ingeniero industrial en los Estados Unidos. Provenía de la familia del venezolano León de Febres-Cordero, uno de los próceres de la independencia de Guayaquil. Esta ascendencia le infundió un amor a toda prueba a Guayaquil. Se dedicó a los negocios y llegó a administrar las empresas del primer agroexportador del país, Luis Noboa Naranjo. Fue presidente de la Cámara de Industriales. La dictadura militar de Rodríguez Lara lo encarceló durante 94 días por un pleito de impuestos y exenciones. Se desempeñó como senador entre 1968 y 1970 y en 1978 se afilió al Partido Social Cristiano. Lideró la oposición al binomio Roldós-Hurtado y creció políticamente en 1981 con dos célebres interpelaciones al ministro de Gobierno Carlos Feraud Blum y al de Recursos Naturales Eduardo Ortega, apoyado en la primera por los diputados de la ID, liderados por el congresista Rodrigo Borja.

Finalizada su presidencia, se dedicó a defenderla. Y siguió pesando en la política nacional por la fuerza de sus declaraciones públicas. Fue elegido en 1992 alcalde de Guayaquil, función que mereció el aplauso de una altísima mayoría de los habitantes de la ciudad. Febres-Cordero devolvió la alegría y dignidad a Guayaquil. Gestión tanto más notable cuanto que debió trabajar con la salud menguada. En 1996 fue reelegido hasta el año 2000. Sus ruedas de prensa de los jueves le sirvieron para exponer sus puntos de vista y fustigar o alabar a los gobernos nacionales en ejercicio. Desde 1995, luego de la renuncia del vicepresidente Alberto Dahik en el gobierno del arquitecto Sixto Durán-Ballén, León Febres-Cordero se convirtió en la figura política más importante para los presidentes en ejercicio como sucedió con Durán-Ballén, Fabián Alarcón y Jamil Mahuad. En círculos políticos y populares se lo llamaba el "dueño del país", denominación que correspondía al poder indiscutido de que gozaba en el cantón Guayaquil. Este creciente influjo de Febres-Cordero en la política ecuatoriana nacía de "la constelación cacical populista y sus anclajes regionalistas", frase del sociólogo Fernando Bustamante al tipificar las nuevas tendencias de la política ecuatoriana.
"De personalidad recia, que avasallaba con una dureza extrema a sus adversarios", según lo describe la periodista Patricia Estupiñán de Burbano de Lara, mostraba en la vida social privada una cortesía de caballero y un calor cordial que emanaba simpatía. Pero sus arranques eran temibles. Trituraba al adversario político. No se detenía en la legalidad de los medios para lograr un fin político. Había en él un temple de grandeza no exento de pequeñez, la pequeñez de la venganza. Se trataba de un volcán en continua erupción. Era un adversario franco. La pasión lo cegaba. El amor a Guayaquil hasta cierto punto lo redimía.

El auge y la caída describen la presidencia de Febres-Cordero. Dos años de auge: los cinco últimos meses de 1984, todo el año de 1985 y el primer semestre de 1986, y dos de caída: el segundo semestre de 1986, todo 1987 y los primeros siete meses de 1988. La contradicción marcó la presidencia de León Febres-Cordero: ajuste neoliberal en los años de auge, y populismo en los años de caída.

"Desde principios de su administración muchos se preocupaban de su potencial de violencia y autoritarismo, temores engendrados por los métodos agresivos usados en la campaña para atraer votos", anotan los economistas Francisco E. Thouni y Marilee S. Griddle. Febres-Cordero tuvo que vérselas con una coalición amplia de partidos que se oponían a sus políticas en el llamado "Bloque Progresista" del Congreso. Los seis primeros meses de la administración se caracterizaron por la violencia y el enfrentamiento con el Parlamento al que impuso por la fuerza una nueva Corte Suprema de Justicia, por huelgas generales patrocinadas desde los sindicatos, por protestas estudiantiles callejeras y por la mano fuerte usada para reprimirlas. Coherente con las medidas de ajuste no elevó los sueldos y salarios sino en una proporción ligeramente superior a la inflación. Y gobernó con "decretos económicos urgentes", 26 en total, convirtiendo de este modo la excepción en regla de Gobierno. Con esta legislación transformó el marco jurídico que encuadra las actividades económicas y empresariales a fin de promover en el Ecuador una economía de mercado más viable. A finales de 1984 emergió la actividad guerrillera del grupo "Alfaro Vive, ¡Carajo!", que en agosto de 1985 secuestró al banquero guayaquileño Nahím Isaías. El propio presidente dirigió el operativo militar de rescate de la víctima que murió con los secuestradores en el asalto. La lucha contra el terrorismo se convirtió en política del régimen y dio pie a numerosos y crueles atropellos contra los derechos humanos. Ecuador empezó a sentir miedo. La gente hablaba de la "rambocracia".
Las medidas económicas de ajuste guardaron coherencia con la escuela neoliberal. Febres-Cordero fue cálidamente recibido en Washington en enero de 1986. El presidente Ronald Reagan lo calificó como líder modelo para introducir estrategias de desarrollo orientadas al libre mercado. También agradaron a Reagan el rompimiento del gobierno ecuatoriano con el Grupo Andino por la política restrictiva a la inversión extranjera y el cese de relaciones diplomáticas con el gobierno sandinista de Nicaragua. Febres-Cordero había llegado al cenit. El PIB crecía, el problema fiscal se había resuelto y hubo superávit en 1984 y 1985. La deuda externa había sido refinanciada y la cuenta corriente mostraba un modesto superávit. La inflación continuaba alta aunque no más allá de la proyectada, la liberalización del mercado de capitales daba resultados, el ahorro financiero aumentaba y el ahorro interno convalecía.

CAÍDA

La caída comenzó en el segundo semestre de 1986 cuando el precio del petróleo en el mercado internacional bajó de 27 a ocho dólares. El siete de marzo de 1986, aduciendo motivos éticos, el general Frank Vargas se rebeló en la Base de Manta. La arrogancia del régimen, el dejar hacer y dejar pasar en materia de corrupción, el miedo evidente en la población, el favoritismo partidario, la resucretización demasiado generosa con los deudores privados y perjudicial al Estado minaron los cimientos de la reconstrucción nacional y despertaron la simpatía popular por Vargas. En marzo, la propuesta presidencial de permitir la participación de los independientes para dignidades de elección popular era derrotada en el plebiscito. En julio, la oposición triunfó en las elecciones parlamentarias y captó 43 de las 71 curules. En agosto de 1986 al borde del colapso financiero por el duro descenso del precio del petróleo, Febres-Cordero tomó importantes medidas para reforzar el paquete neoliberal: reformó el sistema cambiario liberando de control las divisas de importación y exportación, flotó las tasas de interés, destinó las divisas del petróleo solamente a las importaciones oficiales y preparó un nuevo arancel favorable a los importadores.

Mal comenzó el año de 1987. Algunos comandos de la Fuerza Aérea secuestraron al presidente Febres-Cordero y a su comitiva en la Base Aérea de Taura y negociaron la libertad de los secuestrados a cambio de la del general Vargas, prisionero desde marzo de 1986 por haber extendido la rebelión de Manta a la Base Aérea de Quito, y también a cambio de que el presidente no tomara medidas de represalia contra los secuestradores. El Congreso en su mayoría oposicionista aprovechó la coyuntura para pedir la renuncia del presidente, justificando de este modo el acto inconstitucional de una rebeldía militar. Dos meses después, el cinco de marzo, varios sismos causaron daños en Pichincha, Imbabura, Carchi y Napo y destruyeron parte del oleoducto. No se pudo exportar petróleo por siete meses. Ecuador perdió dos mil millones de dólares por esta catástrofe.
El año de 1988 trajo retirada y desconcierto. Se cosechó lo sembrado por las medidas de agosto de 1986, por el comercio petrolero y por la naturaleza. El régimen interno se desmoronó por varios escándalos de corrupción en las altas esferas del Gobierno. El equipo neoliberal se desbandó y hasta el vicepresidente de la República se alejó del presidente.

Se reculó en algunas medidas. El sistema de tasas de cambio libre, niña mimada del neoliberalismo, fue eliminado. Pese a todo esto, el Gobierno no alteró el plan de gasto para el último año de la administración, pues Febres-Cordero quiso terminar los proyectos que empezó. Ecuador estaba devastado económicamente. "Como resultado de los choques (causas) externos, conflictos políticos y mal manejo de la política económica, el comportamiento de la economía durante los dos últimos años del período de Febres Cordero fue muy malo", escriben los citados Thoumi y Grindle. En agosto de 1988, la inflación estaba en una tasa anualizada de aproximadamente el 85 por ciento, la reserva monetaria era negativa y el déficit fiscal llegaba al 10 por ciento del PIB. La devaluación anual del sucre fue de 53, 51 y 95, 3 por ciento en 1986, 1987 y 1988.

El haber gastado tanto el último año de Gobierno cuando la economía estaba en crisis se ha interpretado o como una conversión personal de Febres-Cordero del neoliberalismo al populisrno o como una perversa acción política contra el nuevo presidente o corno un instrumento para ganar popularidad a fin de poder terminar el período presidencial. He aquí un gran misterio.
'Quedan de su gestión', afirma Patricia Estupiñán, 'importantes y numerosas obras públicas sobre todo en la ciudad de Guayaquil... y... el PREMI, el más amplio programa de salud materno infantil emprendido durante la década democrática a través del Instituto del Niño y la Familia, que le correspondió dirigir a la primera dama, María Eugenia Cordovéz'.

LEGADO

La retórica electorera se alimentó con el rechazo al legado del Gobierno. Se repetía la acusación hecha en la campaña de 1984. Entonces Febres-Cordero había sido el gran acusador y el gran reformador. Ahora, era la víctima y el gran dilapidador.

La campaña para elegir presidente de la República arrancó a fines de 1986 con las elecciones internas de la ID para decidir el candidato del partido. Borja triunfó sobre Raúl Baca. Y la democracia triunfó con este hecho inédito hasta entonces en la historia política del Ecuador. Nueve candidatos terciaron en las elecciones presidenciales. Triunfaron en a primera vuelta Rodrigo Borja con 744.419 votos y Abdalá Bucaram, populista, con 535.472. En la segunda vuelta Borja aventajó a Bucaram con 252.160 votos.

En las dos primeras noches de su ascenso al Poder, Borja invitó a casa abierta en el Palacio de Carondelet. Hubo mucha alegría, abrazos, esperanza. Pero el legado económico del gobierno anterior era terrible. Borja, al igual que Hurtado y que Febres-Cordero tuvo que realizar un ajuste económico. La historia volvía a repetirse.
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